El madero de la cruz de la montaña se despedazó en dos y de su herida brotaron lagos de sangre…
Aquella tarde el frío era más intenso que de costumbre, las horas junto con sus minutos tardaron en nacer y parir segundos que asesinaran el tiempo en lo que dure el beso del suspiro de dos enamorados. La vieja tórtola de la montaña había visto la escena junto con el agonizar de la cruz, de su pequeños ojos una lágrima broto rompiendo el espacio y despedazando el sonido hacia uno de los lagos cayo. De aquella lágrima y su color cristalino en su semejanza convirtió el lago y de sus riachuelos que conectados con el engendro de la herida nació la claridad más pura cual jovencita encerrada en su cajita de vidrio aún no corrompida por un sistema vivido…
Nunca más en mi tierra se volvió a ver un atardecer rojo como aquel, porque desde ese día la oscuridad invadió el mirar de quienes habitamos ahí. La claridad por unos momentos existentes fue mutilada, asesinada y silenciada hasta más allá del fin de esta era…
Somos personas que hoy caminamos a ciegas entre espectros fugaces que se tropiezan por nuestro camino, somos seres que respiramos el aire de un árbol desconocido, somos materia viva que transita sobre un silencio inerte, somos almas ajenas ocultas en cuerpos prestados. Da_he
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